A Shakespeare, tan bailarín como era, le hubiera gustado

A scene from The Winter’s Tale by The Royal Ballet @ Royal Opera House. Choreography by Christopher Wheeldon.
(Opening 13-02-18)
©2018 ROH. Photographed by Tristram Kenton.

Cristina Marinero

El estilizado diseño de iluminación de Natasha Katz protagoniza el prólogo de Cuento de invierno. Ella es parte del equipo del diseñador irlandés Bob Crowley, todo un maestro en introducirnos en diferentes mundos y estancias con los mínimos recursos. Los claroscuros delineados por Katz son esenciales para la coreografía de Christopher Wheeldon. La luz y la sombra van turnándose para contarnos en pocos minutos la historia que narra William Shakespeare en esta obra estrenada por primera vez en el Globe Theatre en 1611 y no convertida en ballet hasta cuatro siglos después, en 2014, con la presente versión del Royal Ballet.

Es la amistad del Rey de Sicilia, Leontes, y el Rey de Bohemia, Polixenes, el inicio de la acción, que saltará en el tiempo 16 años para llevarnos desde la frialdad de la isla, hasta la algarabía popular y colorida de Bohemia. Leontes y Polixenes habían sido separados cuando eran niños, hasta el momento en el que se sitúa la acción: Polixenes pasa con su amigo y su esposa, Hermione, nueve meses en su reino y ella va a dar a luz. La duda empieza a corroer a Leontes -¿será Polixenes el padre?- y los celos le convierten  en un monstruo. Tanto, que rechaza a su hija recién nacida, Perdita, y ve cómo mueren del disgusto Hermione y su primogénito Mamillius.

Ya desde ahí, la composición de Joby Talbot y la coreografía de Wheeldon son una misma expresión que acaba por tomar forma a través de las magníficas interpretaciones de los bailarines, con Lauren Cuthbertson (Hemione), Ryoichi Hirano (Leontes), Sarah Lamb (Perdita), Vadim Muntagirov (Florizel), Laura Morera (Paulina) y Matthew Ball (Polixenes) en los principales personajes. La emisión en cines, en directo, contribuirá a poder ver al detalle sus dramáticas interpretaciones y su calidad como grandes bailarines.

No es gratuito que se cite la relación profesional de Marius Petipa y Piotr I. Tchaikovsky como referente para comprender la colaboración de los creadores británicos. Ambos, también junto a Crowley –que trabajó con Christopher Wheeldon cuando dirigió en Broadway Un americano en París (2015), por el que ganó el Tony a la mejor escenografía-, habían firmado antes Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (2011). El trabajo de creación de la partitura de Cuento de invierno ha tenido al coreógrafo como asesor, cerca, exponiendo sus necesidades para crear los pasos a dos, solos, danzas de conjunto y transiciones dramáticas. Por eso música y danza se nos muestran como un todo, con una relación orgánica que contribuye a la misión narrativa y que se torna espectacular en el segundo acto, con Perdita y Florizel  enamorados.

Desde 1978, con Mayerling, del homenajeado creador Sir Kenneth McMillan, hasta 2014, cuando se estrenó Cuento de invierno, el Royal Ballet no había estrenado y mantenido en repertorio un ballet dramático de tres actos. No es fácil narrar una historia sólo con el movimiento, incluso aunque hoy se tengan elementos audiovisuales muy sofisticados, proporcionados por las nuevas tecnologías. Cuento de invierno consigue su objetivo a través del vocabulario de la danza académica, ya es un clásico de la compañía de Covent Garden y hace verdadero honor a su creador. Seguro que a Shakespeare, tan bailarín como era, le habría gustado.

©Cristina Marinero (Para su publicación por Versión Digital sólo en www.rohencines.es)

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